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Medina Pérez Gerardo

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hasta el 13 de Septiembre
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del 31 de Agosto al 3 de Septiembre

Locos por el cine

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8月31日

LA CRÍTICA

Wolf Creek
Nota: 6
Australia, Terror, 2005, 94 minutos
Dirección y guión: Greg McLean
Intérpretes: John Jarrat, Cassandra Magrath, Kestie Morassi, Nathan Phillips


El desierto hará el resto

“En el espacio nadie puede oír tus gritos”. Esta lleva tres décadas siendo la frase promocional de “Alien, el octavo pasajero”, la claustrofóbica cinta de Ridley Scott. Un espacio abierto al que no puedes recurrir como ruta de escape, quedando confinado entre las paredes de una nave amenazada por un mortífero huésped venido de fuera. Un símil de espacio abierto en el que nadie te oirá gritar en nuestro planeta podría ser el desierto, con la salvedad de que por él si existe escapatoria.

El debutante Greg McLean ha hecho los deberes debidamente. Ha unido la premisa de la película de Scott, el ya obligatorio referente al slasher de “La matanza de Texas”, las historias paranormales de desapariciones reales en los inhóspitos terrenos de Australia y la claustrofobia que puede producirse en pleno desierto, los ha agitado y ha dado como resultado “Wolf Creek”, nombre del paraje australiano famoso por su enorme cráter creado por un meteorito y sus avistamientos de ovnis. Sin embargo, en cada faceta procura dar algo distinto.

El comienzo de “Wolf Creek” es desde la normalidad, como ya viene siendo típico en el género: un grupo de adolescentes de viaje por la casa de los canguros que bien avanzado el metraje se meterá en la boca del lobo. Su tono inicial es una mezcla de cine verité, casi documental, descendiente prácticamente directo de “El proyecto de la bruja de Blair” y de la mayor proeza de Tobe Hooper como director. En el tratamiento de sus personajes radica la primera de las diferencias de esta película con otras. Los protagonistas no son los ya conocidos adolescentes con las hormonas por las nubes, y ni siquiera el más protagonista es el que más probabilidades tiene de salvarse.

Un coche y varios relojes misteriosamente parados marcan el acercamiento de los personajes hacia lo desconocido, hacia el mal puro y duro, encarnado por un cazador sin escrúpulos ya digno de pasar a la historia del celuloide y con las facciones del aquí desconocido pero genial John Jarrat. Lo que viene a continuación se perfila como más de lo mismo, tortura tras tortura. McLean vuelve a asestar otro golpe de efecto de originalidad y da al espectador un eficiente juego del gato y el ratón en el que los roles protagonistas se van intercambiando y en el que demuestra no tener compasión por sus sufridos protagonistas.

Dos años ha tardado en llegar a nuestras salas esta película que puede ya sonar conocida, pero que su director plasma sin efecticismos, de una manera veraz, siempre sorprendiendo sutilmente acerca de por dónde irán los tiros. En “Wolf Creek” hay mucho de previsible, que es precisamente cuando la película no funciona, pero también hay bastante de novedoso si la comparamos con otras. Y cuando ya parece que sus múltiples giros han acabado, echando un vistazo general se descubre un último aliciente que la hace elevarse por encima de la media. Lo que impera en “Wolf Creek” es el terror sin coartadas, sin moraleja, el mismo que los colegas Hooper con “La matanza de Texas” o Sean S. Cunningham con “Viernes 13” llevaran por bandera antes de que realizadores actuales como Eli Roth convirtieran en género de denuncia social y política. Lo que queda aquí es el miedo al espacio abierto en el que nadie puede oír tus gritos. Porque por mucho que consigas escapar, el desierto se encargará del resto.

8月25日

LA CRÍTICA

CAÓTICA ANA
NOTA: 7
Drama, España, 2007, 113 minutos
Dirección y guión: Julio Medem
Intérpretes: Manuela Vellés, Charlotte Rampling, Bebe, Asier Newman, Nicolas Cazalé, Raúl Peña, Matthias Habich, Lluís Homar


Las vidas de Ana

Todos los que nos hemos sabido dejar llevar por el soplo de viento que supone el cine de Julio Medem tenemos una película iniciática en su filmografía. En mi caso no podría imaginar mejor iniciadora al turbador universo del realizador vasco que “Tierra”, por ser la obra quizás más cercana al público y en la que ya quedan asentadas las constantes del mundo de uno de los directores más personales de nuestro cine. Todo lo que se pueda ver después supone planear sobre las vidas de unos personajes avocados a la tragedia y el sexo sucio, explorar sus infinitos agujeros a través de los cuales tejer tu propia historia, verte en medio de cíclicos encuentros azarosos en medio de un gélido paisaje. En definitiva, bucear aún más si cabe en su particular manera de ver el cine como un medio en el que todo es posible, incluso romper los esquemas lógicos narrativos.

“Caótica Ana” tiene ese portentoso y característico aroma a cine de Medem. Los personajes son seres libres como pájaros a punto de caer en sus propios abismos, cerrados en sus puertas mentales personales detrás de las cuales existe una nueva vida. Seres independientes en apariencia, pero necesitados los unos de los otros, ya sea por la búsqueda de simple placer o por el encuentro del amor verdadero. El director echa una vez más una mirada a la mujer, a la que siempre ha mimado en su filmografía a pesar de mostrarla en toda su carnalidad, como objeto de deseo de los hombres pero como verdadera matriarca social. Y lo hace para contarnos en esta ocasión una de las muchas vidas de Ana, una joven recién salida de la cueva del monstruo para ir a parar al centro mismo de Madrid, donde dará rienda suelta a su libertad artística y espiritual.

No estamos ante una película tan cercana como lo fue “Tierra”, sino más próxima a la complejidad de “Lucía y el sexo” e incluso a la de “Los amantes del círculo polar”. Un viaje hipnótico en el que cualquier puerta puede ser abierta y que avanza como una cuenta atrás, como los pasos a los que Ana, en un intento de descubrirse a sí misma y entender al hombre, se ve sometida en su hipnosis.

Llegados al paso número 3 de la hipnosis ocurre algo con lo que un fan de Medem como yo no está de acuerdo. En lugar de sumergir al espectador como bien lo venía haciendo en su primer tramo a un caos sin remedio pero anunciado, “Caótica Ana” opta por escoger una de las muchas puertas posibles de la vida de Ana que es mejor no desvelar, y nos ofrece alguna que otra explicación de la trama redundante. Lo bueno del cine de Medem es la interpretación que se puede hacer de sus ensoñaciones oníricas, de su juego de personajes capicúa y encuentros fortuitos. La puerta elegida final, sin embargo, se perfila como la explicación de algo que ya se intuía pero que no necesitábamos conocer. Es decir, el camino que elige su director, a pesar de ser consecuente con la historia, puede no ser del agrado de los que hemos disfrutado con una primera hora y media que reboza la magia de su cine por todos sus poros. La secuencia final en un hotel americano, pretendidamente aleccionadora acerca de la bondad y maldad del hombre, y con claras reminiscencias a la crítica política, se hace incluso algo ridícula en su desarrollo.

Con todo, su redundante desenlace no acaba con el conjunto de la que puede que no sea su mejor película, pero ni mucho menos una de las peores. Para el recuerdo queda la siempre deslumbrante fotografía, la también hipnótica banda sonora, el descubrimiento de un talento como Manuela Vellés y la confirmación de la cantante Bebe como actriz sublime. Un homenaje a todas las Ana que han pasado por la vida de Medem, tanto las que están como las que no, siempre vivas a través de esos cuentos llenos de agujeros que nos regala en cada nueva película.


Crítica disponible en locoporelcine.com y Cinéfagos Anónimos

8月14日

LA CRÍTICA

Carretera al infierno
Fecha de Estreno: 24 de Agosto
NOTA: 5
Thriller, EEUU, 2007, 83 minutos
Dirección: Dave Meyers
Intérpretes: Sean Bean, Sophia Bush, Zachary Knighton, Neal McDonough


Lo que Michael Bay nunca haría

Michael Bay parece haber descubierto en su etapa de productor el filón cinematográfico perfecto para amasar fortuna. El cine de terror de los 70 y 80 se está viendo innecesariamente remakeado por un director no contento con castigarnos con sus propuestas veraniegas del estilo “La isla” o “Transformers”. Sin ser grandes películas de terror, sino más bien un eterno videoclip, “La morada del miedo” y “La matanza de Texas (2004)” eran dos dignas, en especial la última, vueltas de tuerca de dos clásicos que no requerían ser revisitados y que se veían mejorados por sus insatisfactorios remakes.

“Carretera al infierno” se ha convertido tras dos décadas de su estreno en todo un referente del slasher ochentero por méritos propios. El sufrido protagonista, un convincentemente estupefacto C. Thomas Hawell, veía su apacible travesía a San Diego ensombrecida por un sanguinario psicópata con el inmejorable rostro y provocante sonrisa de Rutger Hauer. La cinta de Robert Harmon era un delirio de principio a fin, a veces creíble y otras veces excéntrico, tan pervertido que en su propia falta de credibilidad poseía la clave de su éxito.

El objetivo en palabras del director de la versión de 2007 Dave Meyers era hacer una película mucho más realista, más cercana al público de nuestra era que a la serie B a la que nos tenían acostumbrados por aquellos años. “Carretera al infierno” versión 2007, a pesar de poseer ese look visual heredero del vídeo musical que supera al original, no soportaría un pulso con su modelo. Desde que empieza hasta que termina es un calco de la película de Harmon con escasas variaciones. Algo más sangrienta, con secuencias extendidas y alguna que otra suprimida y un cambio en los personajes protagonistas que buscará en el tramo final sorprender a los que hemos visto la película original con un cambio de roles que no hace más que empeorar la situación. Los que vieran la anterior, y no sigan leyendo este fragmento si no quieren deducir el final, posiblemente estarán de acuerdo conmigo en que la venganza final es más épica y evocadora en manos del chico protagonista, por no variar en exceso la película de Harmon.

Una copia mejorada visualmente, con golpes de efecto incluidos, pero no espiritualmente. Escrita en parte por el mismo guionista, Eric Red, lo que sí puede desprenderse de esta versión es que parece haber sido dirigida en ocasiones por el propio Michael Bay. Su característica fotografía, sus atronadoras secuencias de persecución adrenalítica, sus constantes movimientos de cámara. Todo eso está presente en una película que parece haber sido realizada por el director antes de su última “proeza” como director, pero que no contento con un género que no es el suyo, con algo que no le interesa hacer, ha atribuido a otro.

Versión adolescente y poco febril de un icono de los 80 del mismo título, “Carretera al infierno” copia a la original introduciendo algunas variantes en un ejercicio que nos recuerda al mimetismo de “Las colinas tienen ojos” de Alexandre Ajá. Sin embargo, lo que éste hacía propio de manera sobresaliente, Meyers convierte en más de lo mismo pero parcamente redimensionado, y con el tufillo a película bayniana en cada fotograma.


Crítica disponible en locoporelcine.com y Cinéfagos Anónimos

8月3日

LA CRÍTICA

La Jungla 4.0

Fecha de estreno: 7 de Septiembre
Nota: 6
Acción, EEUU, 2007, 123 minutos
Dirección: Len Wiseman
Intérpretes: Bruce Willis, Justin Long, Timothy Olyphant, Maggie Q, Cliff Curtis, Mary Elizabeth Winstead, Jeffrey Wright, Kevin Smith


El lugar menos indicado, en el momento menos oportuno

John McClane siempre ha estado en el lugar equivocado en el momento menos oportuno. Convertido en héroe a su pesar y en azote de la amenaza terrorista sólo combatible mediante su propia filosofía de disparar sin hacer una sola pregunta, ha estado en medio del gran robo en un emblemático edificio, en un aeropuerto tomado por terroristas y en un juego personal al gato y el ratón con un maníaco y sus bombas esparcidas por toda una ciudad.

No es de extrañar que en una cuarta entrega, y dados los tiempos que corren, hayan preferido situar al protagonista con la sonrisa más socarrona de la historia del cine de acción en medio del terrorismo virtual, de la crisis de una sociedad cuando le suprimen su exceso de información. Porque McClane es un dinosaurio anclado en la era analógica que sigue escuchando a los Creedence Clearwater Revival. Un reloj de cuerda en un mundo digital, perdido entre tanto malo experto en artes marciales, sofisticados softwares y audaces hackers que con una sola palabra de su jerga dejan fuera de juego al indestructible John. “La Jungla 4.0” tiene de todo un poco. Es la enésima demostración de que John McClane está fuera de lugar pero sigue siendo efectivo, fiel a su espíritu devastador usando sus propios puños y un arma. No importa que sus enemigos sean sofisticados expertos en informática, pues al final lo que impera es la paliza pura y dura.

Está claro que esta cuarta entrega de la saga es un vehículo de lucimiento para Bruce Willis, ya orgulloso de su calvicie y que sigue demostrando que en materia de actores de acción es de los mejores. Un gran actor de nuestro tiempo que lo mismo sirve también para comedia, drama y terror, manteniendo la sonrisa sin resultar molesto. Pero si algo desprende “La Jungla 4.0” en cuanto a su actor protagonista es lo mismo que hace perderse a su papel en la película. Willis, a pesar de ser su película, se encuentra en medio de un carrusel de secuencias de apabullante descarga de adrenalina, un festín digital que casi ensombrece al personaje entre tanto caos de coches volando sobre su cabeza, jets amenazantes a la vuelta de la esquina y trampas mortales en el interior de un ascensor. Es la norma de la industria de cuanto más mejor.

A la relativa pérdida del personaje/actor en su propio entorno, quien sin embargo logra lucirse en más de una escena paliando así la sensación de atragantamiento digital, hay que unir la sensación de que realmente no estamos del todo ante una película de John McClane. Falta, como ya dije, el verdadero lucimiento del protagonista entre tanto despliegue de medios técnicos, pero también un malo de renombre -Alan Rickman y Jeremy Irons dejan en ridículo al desconocido Timothy Olyphant-, un compañero a la altura -Justin Long está bien, pero no es Samuel L. Jackson- , e incluso ese sentido del humor que a veces posee -atención al careo con Kevin Smith acerca de “Star Wars”-, pero que es insuficiente. Podría haber sido otra película de acción con Willis de protagonista y habría dado lo mismo, aunque la expectación no habría sido la misma.

“La Jungla 4.0” es notablemente inferior a las dirigidas por John McTiernan, y echa un digno pulso con la segunda entrega de Renny Harlin. Len Wiseman pone su toque videoclipero particular digno heredero de Michael Bay, que se deja notar en la fotografía y las secuencias nocturnas como hiciera en las dos entregas de “Underworld”, y ante todo ofrece un producto entretenido y que nos devuelve a un actor a la primera línea del cine que le dio la fama cuando decidió enfrentarse él solito a toda una horda de terroristas en cada una de las plantas del hotel Nakatomi usando el “Yippie-Kay-Yay” como lema. Pero lamentablemente nos hace pensar más que nunca que se encuentra en el lugar menos indicado en el momento menos oportuno.


8月1日

Adiós a tres grandes del cine

Hace unos días nos sorprendíamos por la muerte de Ulrich Mühe, el gran protagonista de “La vida de los otros”. Ahora otros tres grandes maestros del cine europeo nos han dejado a una edad mucho más avanzada que la del actor alemán.

Las noticias se hicieron eco el lunes del fallecimiento de uno de los grandes maestros del siglo XX, Ingmar Bergman. Realizador sueco creador de joyas como “El séptimo sello”, “El silencio”, “Gritos y susurros”, “Fanny y Alexander” o “Sonata de Otoño”, entre un total de más de 50 filmes. Se despidió en 2005 con otra joya, “Saraband”. Siempre se vio a los fans de Bergman como culturetas, pero su cine si bien es denso y moralizante no es tan difícil de digerir como algunos predican. Siempre preocupado por temas como la soledad y la muerte, la limpieza en sus imágenes y su puesta en escena, ayudado por unos actores pletóricos que amenizan el metraje, hacen de su cine un referente de la segunda mitad del pasado siglo, y para nada debemos dejarnos llevar por los comentarios de que su cine es sólo apto para cultos. Otorgó una lección de cine inolvidable a todos los que disfrutamos sus películas, sin por ello resultar su obra ni pedante ni plomiza.

El siguiente gran profesional, del que poco o casi nada se hicieron eco en los medios, es el actor francés Michel Serrault, un enorme actor cómico de cine, teatro y televisión ganador de tres César, con más de 130 películas a sus espaldas y más de medio siglo de profesión. Alcanzó fama con la comedia de los 80 “La jaula de las locas”, en la que interpretaba a un homosexual, aunque para los más recientes su cara nos suena más de películas de los 90 como “Nelly y el Sr. Arnaud”, “El libertino”, “La máscara del faraón” y “Los actores”. Su extensísima carrera abarca trabajos con Jacques Demy, Claude Chabrol o Roger Vadim, entre otros muchos.

El tercer homenajeado y tristemente fallecido es el que posiblemente más ha marcado mi condición de cinéfago, gracias sobre todo a una película memorable, perfecta, precursora inconfesa de “La conversación” de Ford Coppola. “Blow-Up, deseo de una mañana de verano” era la crónica de un asesinato no esclarecido, la obsesión insana de un fotógrafo sumido en un pánico inexplicable por creer que ha descubierto un asesinato a través de sus fotos. Joya recomendable para los que crean que el cine es pura ilusión (eso no se cree, se sabe), “Blow-Up” no fue más que una pequeña muestra de un maestro como Michelangelo Antonioni, siempre pendiente de la estética neorrealista italiana de sus obras (“Blow-Up” es una muestra de ello), y que nos brindó otras buenas películas como “Más allá de las nuebes” (codirigida junto a Wim Wenders), “El desierto rojo” y “El eclipse”. Recibió un Oscar honorífico en 1995 y el Oso de Oro en Cannes por “La noche”, así como el León de Oro en Venecia por “El eclipse”. “Blow-Up” ganó asimismo la Palma de oro en Cannes. Falleció el mismo día que Bergman, el 30 de Julio, pero no se le dedicó tanto hueco en los medios.

En paz descansen.

7月30日

EN PAZ DESCANSE... ULRICH MÜHE

La fama le llegó tarde, pero gracias a la reciente ganadora del oscar a Mejor Película de Habla No Inglesa, “La vida de los otros”, Ulrich Mühe se hizo un hueco en el celuloide y además en nuestra memoria interpretando de manera magistral a un policía de la Stasi de la extinta RDA encargado de investigar a una pareja acusada de traición. La noticia de su fallecimiento por un cáncer de estómago que él mismo hizo público en un diario alemán una semana antes ha causado conmoción incluso en sectores de la política de su país. También pudimos verle en la sátira sobre Hitler titulada “Mi Führer” y la película de Costa-Gavras “Amén”. Un gran actor que conoció el éxito tarde pero que no permitió que se le subiera a la cabeza, dejando claro incluso que quería ser enterrado en la más absoluta intimidad. En paz descanse.

7月27日

LA CRÍTICA

LOS SIMPSON: LA PELÍCULA
NOTA: 8
Animación, EEUU, 2007, 87 minutos
Dirección: David Silverman
Doblaje original: Dan Castellaneta (Homer Simpson), Julie Kavner (Marge Simpson), Nancy Cartwright (Bart Simpson), Yeardley Smith (Lisa Simpson), Harry Shearer (Sr. Burns), Hank Azaria (Varios)



Más de lo mismo, que es mucho

Existe un momento en el salto a la pantalla grande de la familia animada más famosa de la televisión que podría ser visto por algunos como simple vehículo de desconcierto y transgresión, aquel en el cual la acción se ve interrumpida por un Continuará para dar paso a un Inmediatamente, intermedio tras el cual se reanuda la película. Este crítico prefiere ir más allá y ver ese intermedio como un momento de gran cine, como un guiño cinematográfico a esas películas interminables como “Ben-Hur” que obligaban a hacer un parón durante la proyección, parada que se mantiene intacta incluso en las ediciones en DVD de los grandes clásicos.

Ya sea como arma de transgresión o fruto de esa cinefilia de la que Matt Groening, James L. Brooks y sus camaradas han hecho alarde durante estos 20 años de existencia de la serie, lo cierto es que constituye tan sólo uno de los muchísimos aciertos de este gran capítulo alargado. Sus creadores sabían lo que se jugaban, y la presión que tienen sobre sus espaldas de mantenerse fieles a la serie de animación es inmensa. “Los Simpson” es uno de los grandes iconos de nuestra generación, ya no sólo de los Estados Unidos, sino del mundo entero.

Tras ver “Los Simpson: La película”, el veredicto es claro: es un episodio alargado, con el mismo espíritu de la serie y que hace avanzar un paso más la irreverencia, originalidad e inteligencia del producto original. La nueva aventura simpsoniana arremete como nunca contra Arnold Schwarzenegger, y de paso contra el presidente de la nación, contra los grupos de música estilo Green Day que han perecido en Springfield durante todos estos años, e incluso se permiten el lujo de mostrar un inolvidable desnudo integral de Bart Simpson y alguna que otra palabra malsonante.

El culpable de la cadena de acontecimientos que llevará al pueblo a ser aislado dentro de una gigantesca e indestructible cúpula totalmente vigilada cual Gran Hermano o Show de Truman no es otro que el cabeza de familia, Homer Simpson, quien por culpa de su Spider-Cerdo detonará uno de los mayores desastres ecológicos que se recuerdan y que pondrá en peligro a todo el país. Homer deberá huir con su familia sin ninguna intención de restaurar su honor, mientras Marge comienza a perder la confianza en su marido, Bart descubre en Flanders al padre que nunca tuvo, Lisa experimentará el amor que sigue sus mismos ideales y Maggie se perfila como la gran heroína en más de una situación.

“Los Simpson: La película” mantiene la frescura del producto original, mejora notablemente la animación y ofrece momentos de absoluta ironía e irreverencia, a los que probablemente sólo resten gracia unos trailers en los que se muestran demasiados gags de la cinta. Viéndola uno no puede evitar colocarla a la altura de otros ilustres saltos como los de “Beavis y Butt-Head”, “South Park”, “Las Supernenas” o “Los Rugrats”, por citar solo algunos ejemplos. Y no se preocupen, no es necesario haber visto las últimas temporadas para entender la película. Estamos ante un acontecimiento cinematográfico que se salda con una triunfal película en la que nada falta y nada sobra, un capítulo alargado de uno de los hitos televisivos más importantes de la historia.

Un misterio resuelto, el de la supuesta localización de Springfield y una última recomendación: no se muevan de sus asientos durante los títulos de crédito. La familia guarda un último comentario para los ayudantes de producción reconvertidos en encargados del cine y todos aquellos que nos esperamos hasta la última letra del último crédito, en contra de lo que dictan nuestras vejigas, para memorizar los nombres de todos aquellos que han hecho posible esta gloriosa película.


Crítica disponible en Cinéfagos Anónimos y locoporelcine.com

7月18日

LA CRÍTICA

Los 4 fantásticos y Silver Surfer
Nota: 5.5
EEUU, 2007, 88 minutos
Dirección: Tim Story
Intérpretes: Ioan Gruffud, Jessica Alba, Chris Evans, Michael Chiklis, Julian McMahon, Doug Jones

Estela Plateada merecía algo mejor

Debo reconocer que de todos los héroes que pueblan el universo Marvel, Los 4 Fantásticos son los que menos interés me han despertado siempre. Salvo por el dilema moral ante un nuevo aspecto que presentaba un personaje ya imprescindible de la factoría marveliana como era La Cosa, siempre vi a este equipo como un subproducto para niños y adolescentes, alimentado por cierta serie de dibujos animados que contemplé durante mi niñez.

Siendo así cabía esperar que la adaptación cinematográfica del cómic creado por Stan Lee y Jack Kirby no despertara en absoluto mi curiosidad como lo han hecho las de “Spider-Man” o “La Patrulla X”. Ante tal falta de expectativas por una película descubrí que realmente era un producto entretenido que no seguía a rajatabla la esencia de la historieta original pero que poseía un aura de no tomarse demasiado en serio a sí misma. Ofrecía, como yo esperaba, un retrato digno aunque incompleto -esto es ya habitual en todas las adaptaciones de cómics a la gran pantalla- de la tesitura en la que Ben Grimm/La Cosa se encontraba, pero continuaba dejándome ese mal sabor de boca de ser una película más preocupada por satisfacer al público infantil y juvenil que de profundizar en los personajes como lo han hecho hasta ahora Sam Raimi o en su momento Bryan Singer.

En el número 48 de la serie que revitalizó a la Marvel aparecía un personaje cumbre en la iconografía del comic art, Estela Plateada, un ser de poderes incomprensibles para la corta mentalidad humana al servicio de Galactus, a quien buscaba planetas pobres en vida pero con suficiente energía como para que el Devorador de Planetas saciara su hambre, y a fin de evitar la destrucción del suyo propio. Fue entonces, una vez llegado Estela Plateada a la Tierra, analizada ésta y sus habitantes y surgida la humanización de un personaje que se debatía entre acabar con unos seres que terminaron maravillándole o salvar su mundo, cuando Los 4 Fantásticos consiguió alcanzar esa madurez que no le intuía en entregas anteriores.

“Los 4 Fantásticos y Silver Surfer” trata precisamente de eso, del encuentro entre el grupo de superhéroes y el extraterrestre plateado dispuesto a salvar su planeta, aunque ello conlleve la aniquilación del nuestro. Y de la misma manera que la sensación ante la primera película y el cómic iban a la par, esta segunda parte ha conseguido captar mi atención como Estela Plateada lo hizo en el tebeo. Primero por tratarse de la continuación de una película menor, lo que hace que no se espere nada de ella, constituyendo el factor sorpresa. Segundo por la aceptable caracterización del personaje estrella de la película, a quien presta físico nuestro fauno particular, Doug Jones, y cierto atisbo de dilema moral en que se encuentra en algún momento del film y que hace alcanzar a éste un grado más adulto que su predecesora.

Cierto es que Tim Story ha vuelto a realizar una de las más pobres adaptaciones de cómic a la gran pantalla, que sigue teniendo en su primera hora ese aire de película palomitera sin sustancia y que traslada el cómic con cierta licencia artística. Sin embargo, juega a su favor el ser una segunda entrega que no intenta superar a la anterior, ni tecnológica -algunos efectos, como los de los estiramientos de Mr. Fantástico, resultan bastante pobres- ni argumentalmente, como cabe esperar de toda secuela. Además, en su última media hora roza un grado de madurez narrativa que le hace parecer más seria y adulta.

En definitiva, estamos ante una película que por no intentar ser mejor que la primera resulta hasta entretenida dadas las escasas expectativas que se tienen de ella, que cuenta con la aparición de un personaje crucial que le otorga por momentos un aire de madurez, aunque dentro del resultado global pase sin pena ni gloria y se quede bastante corta en el análisis de la ambigüedad moral a la que Estela Plateada está sometido. Un entretenimiento sano con la aparición estelar de Stan Lee -sigo sin entender cómo permite que se haga esto con sus criaturas, será por dinero- que dejará un mal regusto a los fans del cómic original. Porque Estela Plateada merecía algo mejor.


Crítica disponible en Cinéfagos Anónimos y locoporelcine.com

7月13日

LA CRÍTICA

Transformers
Nota: 5
EEUU, 2007, 142 minutos
Dirección: Michael Bay
Intérpretes: Shia LaBeouf, Megan Fox, Tyrese Gibson, John Turturro, Jon Voight


El perfecto blockbuster del verano

Steven Spielberg sabe a la perfección cuáles son los mecanismos que detonan un blockbuster, ese concepto del megataquillazo que él mismo inaugurara hace tres décadas con “Tiburón” y que ha venido explotando con “E.T.” o “Parque Jurásico”. En un blockbuster la historia es lo de menos, a pesar de que las que haya ofrecido el maestro en sus obras posean toda la solvencia narrativa que le asegure un podio en el olimpo de los dioses cinematográficos. Lo que prima en este tipo de producto es el espectáculo, el hacer reventar los tímpanos de los espectadores, y de paso sus carteras, con una mezcla tecnológica de pura imaginería audiovisual que más que aleccionar intenta entretener.

Ésta es la segunda película de Michael Bay apadrinada por papá Spielberg tras la olvidable y desastrosa “La isla”, un fallido híbrido cuyo mayor acierto era ese primer tramo en el que Bay se movía a sus anchas estéticas que bien concordaban con el género de la ciencia-ficción. La carrera de este director, desde sus prometedores comienzos con las adrenalíticas “Dos policías rebeldes” y “La Roca”, ha experimentado un claro declive patente en otra película desastrosa, “Pearl Harbor”, y todo por funcionar para una maquinaria de hacer dinero que exprime al máximo sus valores.

“Transformers” no es más que otro producto bayniano que llega para romper las taquillas de todo el mundo. Su sucesión de cámaras lentas pero en constante movimiento, la fotografía heredera del videoclip, la acción a raudales, la falta de guión en numerosos fragmentos,... todo está presente en una película que sin embargo funciona mucho mejor como blockbuster que la película con la que el dúo se estrenara hace dos años. Olvídense de una adaptación de la vieja serie de televisión y ya explotada cadena de juguetes, que a veces lo es, dotada de un guión bien estructurado y en definitiva digno de las películas de Spielberg. “Transformers” no es más que puro cine espectáculo, palomitero, hecho a la vez con ingenio en sus constantes cinematográficas -varias películas del productor y el director se ven homenajeadas con acierto, así como el obvio referente a “Terminator”- y con secuencias realmente absurdas en ciertos momentos fruto de un guión que se sostiene con alfileres.

La última proeza visual del esteta Bay se mantiene como blockbuster veraniego, con sus incontables bajos y mal contados aciertos. Es así como debe disfrutarse, y no esperen otra cosa, esta batalla entre Autobots y Decepticons que tiene en su última media hora del excesivo metraje una prueba de lo que es el séptimo arte para su autor: el perfecto cine espectáculo.


Crítica disponible en Cinéfagos Anónimos


6月30日

LA CRÍTICA

28 semanas después
Nota: 7.5
Terror, Gran Bretaña, 2007, 99 minutos
Dirección: Juan Carlos Fresnadillo
Intérpretes: Robert Carlyle, Rose Byrne, Jeremy Renner, Harold Perrineau, Catherine McCormack, Imogen Poots, Mackintosh Muggleton


Cine de zombies en estado puro

Un grupo de personas se dispone a comer en el interior de una casa rural alejada del mundo en la que domina la oscuridad. La apacible velada se ve interrumpida cuando alguien golpea desesperadamente la puerta. En el momento en que la luz irrumpa en la casa comenzará la pesadilla. Éste es el prometedor comienzo, y no conviene desvelar mucho más del mismo, de “28 semanas después”, la secuela de esa pesadilla en formato digital que realizara Danny Boyle en 2003. “28 días después” constaba de una apocalíptica presentación en medio de un Londres desolado y que se iba diluyendo temerariamente en las aguas del análisis social, convirtiendo a la película de zombies que debía ser en una historia bélica de hombres matando hombres. Es uno de los puntos débiles de la película de Boyle, que en su afán continuo de reinvención de las constantes cinematográficas de los distintos géneros olvidó que lo que tenía entre manos era una de zombies.

Temía este crítico que esta secuela sería una película de encargo en la que Boyle como productor exigiría al elegido, el cineasta nominado hace ya una década al Oscar por “Esposados” y ganador de un Goya por “Intacto” Juan Carlos Fresnadillo, que se atuviera férreamente al esquema de la primera parte. Nada más lejos de la realidad. El cineasta británico ha dejado libertad absoluta al realizador canario, quien ha cogido a su productor de siempre y ha reescrito buena parte del tratamiento original. El resultado es un film de zombies al cien por cien, y deja en muy mal lugar a esa película de la que hereda la pocas veces esperanzadora coletilla de segunda parte.

Fresnadillo sigue en la explicación inicial sobre la situación y en la presentación del escalofriante final el mismo trazo que “28 días después”, pero ahí acaban las similitudes. El director sabe qué producto tiene entre manos y en ningún momento deja de pertenecer al género al que pertenece, lo que la encumbra de entrada por encima de la anterior. Se reconoce a sí misma esta cinta en las películas de Romero y no tiene reparos en pillar algunas ideas de las mismas (esas calles desoladas recuerdan a “El día de los muertos”, y la supuesta ciudad segura a “La tierra de los muertos vivientes”), pero en ningún momento deja de ser un artefacto autónomo, que no depende siquiera de su predecesora para ser entendida.

“28 semanas después” nos habla con gran acierto de la instauración de un nuevo orden que tiene sus días contados en medio del caos, curiosamente implantado por el ejército norteamericano. Un orden militar en el que no existe intimidad y que promueve pasar al código rojo si la situación se va de las manos; esto es, matar a todo el mundo, esté infectado o no. Pero aparte del análisis socio-político al que nos somete existe la historia de una familia desestructurada por el abandono forzado por el miedo de uno de sus integrantes, hecho que les marcará a todos durante el resto del metraje. Es entonces cuando Fresnadillo demuestra ser un excelente contador de historias humanas acerca de personajes con un arma apuntando directamente a su cabeza y que nos recuerda a esas situaciones límites a las que se veían sometidos los protagonistas de sus trabajos anteriores. Aquí el desencadenante de la pesadilla no es la estupidez humana por creer que se puede partir de cero en una zona devastada de esta manera, ni el descuido de dos niños que añoran ver por última vez su hogar. La razón del espectáculo gore del que hace gala el director sin titubear es el amor, el gran cáncer que hará que un marido hunda con sus propias manos los ojos de su esposa, y es la falta de amor precisamente la que salvará hacia el final a alguno de los personajes.

Juan Carlos Fresnadillo consigue una película para goremaníacos de estómago fuerte y lo intercala con su mensaje social y humano, en la que suenan a previsibles algunos pasajes y que no duda en usar algunos tópicos del género para subsistir, detalles que no estropean ese montaje frenético y de cámara temblorosa que busca la inseguridad en el público. Y por si esto fuera poco nos regala tres momentos que deberían pasar a la historia de este mal denominado subgénero: el exterminio de infectados y sanos previo paso por ese matadero en el que Robert Carlyle se pone las botas, la convincente manera en que un helicóptero acaba con una horda de zombies de una manera más contundente que cualquier arma biológica, y finalmente esa claustrofóbica secuencia en los pasillos subterráneos del estadio, con la única ayuda de una mira de visión nocturna como linterna.


Crítica disponible en Cinéfagos Anónimos y en locoporelcine.com

 
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